Te miro,
mecida como un junco
una tarde de viento
y me regalas la luz
azul intermitente de tus ojos.

Me miro a mí,
a veces en mi pozo,
otras, en un manso horizonte soleado.

Las sombras de la infancia nos arropan
y extienden sobre ti
un velo transparente
que no quiero que notes.

Ajena a todo ríes
y desbocas  en mí
un caudal dispar de sentimientos.

Me enseñas a injerir
en un solo bocado
confitados consuelos
con las saladas lágrimas.

Miles de sensaciones
merodean sigilosas
nuestras tardes de invierno.

Te miro
y me encuentro a mí misma
en el espejo truncado de la edad.

Deseo por un momento
recorrer mis años al revés
para cruzarme en el camino
con alguien como tu.

Autora: Tonuka

 

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